Condiciones Generales de la lengua

y escritura fenicia en la Península

Las fuentes clásicas nos informan de una temprana venida fenicia a la península, si bien, la Arqueología baja esta fecha hasta el siglo VIII a.C. al trabajar con datos más seguros. Será este tiempo, el principio de una incursión de comerciantes en búsqueda de los metales peninsulares que desde tiempo remoto habían sido explotados de forma rudimentaria. Los comerciantes utilizan el trueque - bien por bien - sin que medie la moneda, y para llevar a cabo esta transacción, el bien ofertado debe cubrir las necesidades de la población que explota los recursos mineros.


Estas necesidades irán encaminadas, primero a aquello exótico, si bien, pronto los modos de conducta y alimentación tienden a variar ya que se copian los modelos orientales. Con el comercio se abre un nuevo abanico de necesidades que requieren a su vez de un mayor entramado comercial. Los fenicios tienden a exportar bienes de prestigio que primero venían directamente de la propia Fenicia y luego se fabrican en los mismos establecimientos "coloniales" peninsulares, la implantación de factorías nace como solución a la necesidad cada vez mayor de ofrecer un producto más barato y en mayor cantidad.


Estas implantaciones usan la escritura fenicia con carácter económico ya que éste es el origen de los establecimientos. Documentos de cuentas, grafitos de propiedad, pactos económicos, etc. La primera escritura fenicia peninsular es pues económica, y fiel reflejo de la escritura fenicia de la época. Se mantiene conservadora desde el siglo X a.C. al V a.C. como en todos los establecimientos del Mediterráneo. Sin duda en los templos pudo haber una literatura religiosa responsable de la aculturación fenicia, si bien, no podemos saber a qué nivel, ni tampoco el grado de subordinación en todos los sentidos a Oriente, por lo menos hasta el siglo V a.C.


El intervalo del siglo VIII a.C. al V a.C. es de gran importancia, al encontrarnos con el apogeo de la cultura tartésica (Orientalizante) y posterior nacimiento de la cultura turdetana. Las dificultades para conocer a estas culturas, estriban en la falta de documentos. Los primeros ejemplos de cerámica fenicia se sitúan alrededor de 750 a.C. relacionados con el comercio de metal que indujo la entrada de comerciantes que se moverán por el territorio buscando siempre el mejor acuerdo. El incremento de población semítica, así como la dependencia indígena hacia este comercio favorecen le trato inter comunitas. De hecho, en primer lugar es el fenicio el que aprende la lengua de los indígenas, y seguramente fue este el momento en el que nació la escritura paleo hispánica, si bien, la población fenicia tendía a incrementarse, sobre todo en la costa, donde se habían asentados grupos más o menos numerosos. La población indígena necesita aprender la lengua fenicia ya que se configura como lengua internacional de intercambios extralocales. De hecho, en el Valle del Guadalquivir la expansión del fenicio como lengua franca es aplastante, sin embargo, cuanto más profundizamos en el interior peninsular, el poder del fenicio se desvanece.


En los centros mineros, el fenicio se constituye también como lengua internacional, sobre todo con la llegada de gentes de diferente étnica y lenguas (gentes del Norte, celtíberos, foráneos, etc.).


La población fenicia crece de forma vegetativa, a partir de los primeros colonos o bien por aportación de nuevos colonos, pero sería en la costa donde encontramos estos centros netamente semíticos si bien no faltan pobladores indígenas en estos centros. En otras poblaciones del interior, la población fenicia fue y seguirá siendo en su trayecto histórico residual ocupando puestos importantes, sobre todo como artesanos o comerciantes. La implantación colonial fenicia en el mundo agrícola es muy cuestionable. Para las culturas indígenas, el fenicio es una herramienta importante en su mundo comercial, que el influjo griego (640-520 a.C.) no logra desplazar.

La caída de Tiro (585-575 a.C.) marca un punto de inflexión en la cultura fenicia, puesto que los asentamientos occidentales cobran autonomía para desarrollar sus actividades ajenas a la urbe. El ideal de ciudad, es reemplazada por Cartago que comienza a influir de forma decisiva en Occidente donde expande su forma de escribir, con una caligrafía más alargada, tendente al distanciarse del fenicio "estándar". Se exporta el modo de gobierno basado en sufetes, aunque en la mayoría de las comunidades pervive el viejo sistema senatorial (de ancianos) con levantamientos de caudillos en épocas de crisis (como Culchas < *Kólikas).


Sobre 550 a.C. se produce una nueva crisis económica y social, que aún no tienen una explicación convincente, a este momento se le denomina el Ocaso de Tartessos. La explicación a este devenir histórico puede ser internacional si bien podemos estar ante una evolución natural de la sociedad que se ha urbanizado ya que antes de la crisis, sucedieron hechos muy importantes que causaron alteraciones en el orden "virginal" ya durante el siglo VIII a.C al VII a.C. Estos cambios se engloban dentro del propio contexto en el período Orientalizante.

Hay que matizar que el Orientalizante no debe considerarse como un período enmarcado por la cultura material sino más bien por continuos cambios en el territorio peninsular, por la adaptación a marchas forzadas de los adelantos venidos desde Oriente, procedentes de una economía más desarrollada.


En un corto período, vemos pasar de comunidades agropecuarias y familiares a sociedades semiurbanas. Estos cambios fueron muy lentos en Oriente (miles de años) mientras que en la península sucedieron en cientos de años (lo que ocasiona desigualdades territoriales (como sucede en países del Tercer Mundo, con ciudades conviviendo con comunidades indígenas subdesarrolladas. La sociedad indígena sufrió asimismo convulsiones sociales cuyo alcance no logramos atisbar, si bien suponen la transformación en las relaciones sociales y familiares.

 


A partir del 500 a.C. y después de cincuenta años, podemos hablar de recuperación económica, si bien, en el período en el que la demanda y la oferta se retraen, los dueños de los medios de producción han cambiado. Ahora Cádiz se alza con el monopolio del comercio y su poderío favorece la recuperación económica ya que hay un motor de crecimiento, un fin hacia el cual dirigir las expectativas de comercio si bien en detrimento de la Independencia económica de las comunidades indígenas. La intrusión de la población semita en la economía turdetana es inmensa y lo que es más grave, no parece haber suficientes tendencias indígenas por liberalizarse del yugo gaditano, lo que hubiese evitado la excesiva dependencia hacia Cartago.


Este aletargamiento turdetano rivaliza con el esplendor ibero que nos muestra sus obras con fuerte influencia griega, el motor de este crecimiento para estas zonas no es Cádiz sino sus propias comunidades indígenas, que operan libremente, así las distintas comunidades, muchas de ellas hablantes de lengua indoeuropeas, utilizan el ibero como lengua internacional comercial. Los culpables de este apego por lo fenicio en el Sur peninsular, frente a fuerzas que hubiesen potenciado un desarrollo mayor provienen de la misma élite agropecuaria turdetana, que con su aspecto conservador deseaban mantener las viejas estructuras de comercio, porque este comercio les favorecía especialmente.

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